viernes, agosto 26, 2011

Dilema Perdón o Venganza...

Estos tiempos me recuerdan cada vez más a la película de V de Venganza. Ayer ardió el Casino Royale, dejando 52 vidas perdidas y miles más de vidas indignadas. El repudio a los maleantes crece. Las personas buscan culpas afuera de ellas y no dentro. Todos hemos participado en que esto haya sucedido. Hasta cierto punto, el no involucrarse, el no votar, es también una manera de no hacer nada, de ver que las cosas pasen a pesar de uno mismo.
Mañana sábado 27 de agosto llegarán 600 militares más y así estarán patrullando nuestras calles, vigilando a todos en espera de dar con delincuentes. Nos estamos militarizando y esto no es el inicio ni el final. Ciudad Juárez ha sido una ciudad tomada desde hace años por el crimen organizado. ¿Somos los siguientes?
¿Me pregunto muchas veces qué se requiere para hacer la diferencia? ¿Qué se necesita para que mejoren las cosas?
A veces pienso que cada uno de nosotros necesitamos encontrar nuestra paz interior y crear paz en nuestro ambiente familiar, de amigos o de trabajo para poder multiplicar la sensación de compasión.
Otras veces me da tristeza e indignación, tanto que quisiera nomás eliminar a esas personas que matan por matar, por intimidar o por "demostrar" poder, cuando sólo destruyen vidas, talentos. ¿Es hacer lo mismo que ellos? No lo creo.
Lanzo preguntas al aire, tal vez con la esperanza de obtener las respuestas de igual manera...

miércoles, mayo 25, 2011

Los güerines y las kikinas



Si mal no recuerdo, la primera mascota que mis papás nos dejaron tener cuando éramos niños mi hermano y yo fue la Reyna, que era una perrita Cocker Spaniel. Me gustaba acariciarla.
En casa de mis abuelos maternos estuvo la Sumiko, una Akita que nos cuidaba en el patio mientras corretéabamos afuera y adentro de la casa, jugando. Ella estuvo muchos años ahí y murió cuando yo estaba adolescente. Aún la recordamos en la familia puesto que casi todos nuestros primos disfrutábamos de jugar con ella y hasta subirnos en ella simulando que era un caballo. Nunca nos ladró con malas intenciones, nunca nos mordió. Tuvo hijitos y llegaban y se iban.

La pérdida de nuestras mascotas cuando morían era una tristeza familiar muy profunda. Sobre todo de los que más tiempo estuvieron con nosotros; el güerín, la icky, y ahora el weeman y la laika. En nuestra casa, las mascotas nos unían en el juego, la alegría y también en la tristeza. Sus muertes nos ayudaron también a entender un poco más de nuestro ciclo de vida y a apreciar la vida de nuestros seres queridos, a enfrentar las muertes de familiares. Los perros que hemos tenido me han dado una perspectiva muy positiva de los perros. Se puede decir que les tengo mucho cariño, sobre todo a los que han sido parte de la familia.
Tuvimos varios perros, pero ningún gato. Mi gran cariño por los perros guardó un pequeño disgusto por los gatos hasta hace unos años. Me di la oportunidad de tener un gatito y mi prima fue quien la trajo a la casa. Me enterneció su tamaño y no requirió nada para que la adoptara y la cuidara como la nueva miembra del departamento donde vivo.


Aunque fue toda una experiencia nueva, aprendí los cuidados que requiere un gato, tan diferentes a los de un perro. Sus costumbres, sus expresiones. Antes pensaba que los gatos no hacían nada más que estar echados. Eso es cierto en algunas horas del día, pero había veces que la Kiki no se estaba quieta para nada. Corría y saltaba por todos los muebles del departamento. Se restregaba en nuestras piernas por cariño, comida, pelotitas divertidas. Me encantaba observarla. Creció mucho en los dos años y medio que estuvo con nosotras.
Ahora, hace casi dos meses que no ha regresado de sus andadas nocturnas y yo sigo buscando sus maullidos de entre los de los otros gatos. Aprendí a dejar ir a los perritos cuando morían, pero no he aprendido a dejar de buscar. Aunque sé que ya no va a regresar, mi instinto sigue alerta para cuando maúlle en mi ventana para que la deje entrar.

domingo, marzo 27, 2011

de litos a ánima

En el mundo salvaje, los animales huyendo a muy altas velocidades de sus depredadores, aplastan y deshacen las amorfas piedras, las plantas que repararán sus hojas molidas, sus flores despedazadas. Los insectos se mueven rápidamente para evitar el paso. Un trozo de tierra solidificada se desprende de lo alto de un barranco, rebotando entre otras piedras, en bordes. El abismo no termina para la tierra inanimada, animada que desata un pico desde su interior. Sale una membrana que escurre polvo para extenderse en un ala y luego otra. Vuela y reconoce la copa de los árboles. Las membranas se espinan y de las espinas crecen plumas, patas.
Un águila vuela sobre el bosque, buscando donde anidar. Su alma es libre y el viento corre entre sus dedos, acaricia sus plumas, choca con sus ojos.
Otra águila se une a la búsqueda, sobrevolando paisajes que nunca antes había visto, uniéndose al trabajo de recolectar piezas para el nido cerca del cielo, desde el que caen ramas y piedras con ánimas que tal vez despertarán.

lunes, marzo 21, 2011

En el filo de la ventana, mi pluma espera el reencuentro de un alma y su papel, de blanco, de garabatos. La brisa que acaricia la luna llena es una invitación a violar una página virgen.

Entre nota y nota, la soledad del ir y venir, en los caminos de la certidumbre de un día, de las pequeñas diferencias en lo mismo, busco el palpar de otro universo, marcando rutas que se encuentran con mis sueños de infancia, los colores de distintos árboles y las frutas que al exprimirse, dejan el néctar dulce que se saborea sin arrepentimientos, en las páginas llenas.

Trazo letras que también leo, entre números que hablan de la inmensidad, lo perenne de las paradojas que dibujan mapas y pintan cariño y anhelo.