Siento mi cuerpo como siento el tiempo.
A veces duele y es difícil de maniobrar, otras veces es flexible, maleable... un capitán que sabe navegar bien, un piloto con pies de ruedas y manos de metal...

El tiempo es el inevitable amigo que apuñala por la espalda cuando uno menos lo espera...
Hoy me duele el tiempo.
Las ideas que rebotan de mi tiempo a tu tiempo bailan sin son, sin estrellas que cuiden los pasos a seguir.
En mi pecho palpitan pensamientos no dichos y pasados inciertos que anulan tu espacio, que cubren de daño a los habitantes de sangre en mi cabeza.
Las palabras y las miradas son víctimas de mi escepticismo. No hay engaños, ni sabiduría tras mis palabras, sólo lo cierto de mis ojos y lo incierto que siempre me acecha.
Hoy cargo con el tiempo.
El peso de antes sigue en mis hombros y mis manos empiezan a fallarme. Sostenerlo es cada vez más difícil cuando la esperanza revive.
Tu antagonismo es un combustible que sin cuidado puede quemar las entrañas.
No sé jugar con fuego como el tuyo.
Incendias desde tu mirada y tengo miedo de quemarme.
Hoy odio el tiempo.
Odio la distancia que no se acorta con cartas, la ideas que dividen los caminos.
Odio la existencia de los némesis y las cosas que se dan por sentado.
Hoy no hay tiempo.
Solamente el miedo de que sí exista...
y aún así...
tengo muchas preguntas para ti...

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