domingo, noviembre 29, 2009

Sol y noche

El sol entra a mi cuarto al amanecer, a través de la cortina yendo a dar directamente en la almohada donde a veces está mi cabeza, penetrando en mi párpado, inundando mis sueños de rojo sangre.
Las mañanas suenan a canciones de amor, con una sombra acechando en el espejo y mirando las luces que también iluminan la noche.
Hay en mi columna una mano que la acaricia, unas plumas de aves que cosquillean la piel de mi espalda, y mientras los sueños asoman risas, una aguja pincha el dedo índice. Gotea la sangre y deja gotas por donde paso, por donde las ilusiones se hacen a un lado.
En un camino de sangre encuentro el odio en mí, los prejuicios que causan el rompimiento de hogares, las guerras, las batallas sin sentido.
Las muertes duelen en un mundo de sonrisas y ternura, donde las estrellas cantan con luz y atraviesan el cielo terrestre danzando.
El sol se desvanece por la ventana y deja lugar a los aromas de vainilla, las letras de amor y los juegos de vida.
La noche no es más que el tiempo de espera para el día, los pensamientos que delinean las acciones y alimentan los sueños, mueven las plumas, descubren la sangre, el odio. Y reencuentran la ternura en las letras de amor.

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